Pasar horas frente a una pantalla se volvió parte de nuestra coreografía diaria. Ya sea por trabajo, por ocio o simplemente por la inercia de "scrollear" en redes sociales, los dispositivos dominan nuestro tiempo. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con los niños, para quienes existen pautas claras de salud, los adultos parecen estar en un "terreno de nadie" respecto a cuánto es demasiado.
Samsung expande su inteligencia artificial a los teléfonos de gama media: ¿cuáles son y cuánto salen en Argentina?Un informe digital reciente reveló que las personas de entre 16 y 64 años pasan, en promedio, más de seis horas y media al día frente a una pantalla. Esta cifra, que se desprende de un artículo publicado originalmente en el medio especializado, Health, pone sobre la mesa una realidad preocupante: no existen guías oficiales que nos digan cuándo frenar.
El vacío legal de la madurez tecnológica
Muchos especialistas coinciden en que se asume, erróneamente, que un adulto tiene el autocontrol necesario para gestionar su vida digital. "La suposición errónea es que los adultos pueden usar las pantallas de manera responsable por sí mismos", afirma Dimitri A. Christakis, médico pediatra y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington.
A pesar de esta falta de reglas rígidas, la cantidad de horas puede llegar a extremos impensados. Durante la pandemia, algunos adultos llegaron a registrar hasta 17 horas diarias de uso. No obstante, Yalda T. Uhls, profesora adjunta en la UCLA, sugiere una mirada más equilibrada: propone que los adultos piensen más en las formas positivas de usar los medios en lugar de castigarse tanto por los límites de tiempo.
Impacto en la salud física y mental
El problema no es la pantalla en sí, sino lo que dejamos de hacer mientras la miramos. El sedentarismo prolongado eleva el riesgo de hipertensión, resistencia a la insulina y obesidad. Además, el uso excesivo está directamente relacionado con dolores de cuello, fatiga visual e interrupciones en el ciclo del sueño.
Zhiying Yue, investigadora del Digital Wellness Lab de Harvard, sostiene que el impacto varía según cada persona y sus necesidades psicológicas. "Los niveles de depresión moderada a grave están asociados con un mayor tiempo de pantalla", señala Yue. Sin embargo, también aclara que no todo uso es nocivo, ya que muchos dispositivos se utilizan para actividades saludables como la meditación o el ejercicio físico.
Estrategias para recuperar el equilibrio
Para reducir el tiempo frente a los dispositivos, los expertos sugieren empezar por pequeños cambios de hábito. Establecer un "toque de queda" digital dos horas antes de dormir o evitar el uso de pantallas durante las comidas son pasos fundamentales para reconectar con el entorno y evitar la sobreingesta de alimentos por distracción.
Otra recomendación clave de Yue es ser conscientes del ejemplo que se da a los más jóvenes. Implementar reglas compartidas y evitar el "phubbing" (ignorar a quien tenemos enfrente por mirar el celular) mejora no solo nuestra salud mental, sino también la calidad de nuestros vínculos sociales. Apagar notificaciones innecesarias y tomar descansos cada 30 minutos de trabajo frente a la computadora son, hoy más que nunca, actos de autocuidado necesarios.